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Photography

¡Si no hay fotos, nunca pasó! Rescatando los recuerdos y la trascendencia en la era del exceso

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Spanish (Español) translation by Elena Pari (you can also view the original English article)

Una fotografía que no tomé

Hace varios años, fui donde un relojero en Rotterdam. En ese momento estaba viviendo en los Países Bajos, pero no estaba familiarizado con el estándar que los artesanos europeos atribuían a su negocio. En el piso noble de una casa centenaria había una modesta sala de espera para los clientes. El área de trabajo del relojero se veía a través del arco. Mientras esperaba en la sala de estar, el sol entraba por las ventanas, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire quieto. Podía ver al relojero inclinado sobre su escritorio, llevando a cabo mi reparación. Llevaba un abrigo de algodón blanco sobre su camisa y corbata. En la habitación había silencio. El único sonido era el tic-tic de unos pocos relojes.

Más tarde le conté a un colega sobre esta escena del relojero en su mundo, y le dije que no podía sacar una fotografía. La experiencia me pareció más grande y más rica de lo que podría capturar en la película. Mi colega se sorprendió y comentó que debía volver corriendo y tomar algunas fotos. No lo hice. Quince años más tarde, puedo recordar cada detalle y experiencia sensorial de mi visita a ese relojero. Sin duda, podría haber capturado algunas fotografías hermosas para compartir con otros, pero si me hubiera centrado en eso, estoy seguro de que me habría perdido una gran parte de la experiencia que recuerdo.

Creo que una habilidad clave para los fotógrafos es saber cuándo no tomar una foto. A veces, se trata de respetar un momento íntimo o de gran carga emocional manteniéndose alejado de él, permitiendo que la escena pase y se convierta en un recuerdo, o que se olvide por completo. A veces, la iluminación o la perspectiva nos impide capturar la imagen, o las normas prohíben sacar fotos. Dependiendo de la circunstancia nos pueden pedir que no tomemos ninguna foto. O, como en mi situación, elegimos abrazar el momento, sabiendo que desviar nuestra atención para tomar una fotografía nos privaría de algún aspecto de la experiencia.

La tiranía del presente

Las fotografías fueron, una vez, el registro de un encuentro único con el mundo. Eran una forma de guadar y contemplar el momento. Eran, en algún nivel profundo, una reacción somática y visceral a una pequeña porción del universo que se desarrollaba frente a nosotros. Eran algo humano. Podías sostener en tu mano la manifestación física de un fotón.

Gran parte de la fotografía actual se trata de una serie interminable de actualizaciones de estado. Es una autobiografía ficticia: una forma de construir nuestra identidad digital semiverdadera, marcando nuestro lugar y creando nuestras historias en la corriente digital de la vida. Las fotografías mantienen viva nuestra presencia social virtual.

Las redes sociales nos conectan en un mundo cada vez más ocupado y complejo, pero las conexiones son fugaces. Todo lo que decimos en línea se conserva en algún servidor digital ubicado en algún lugar, pero más allá de un primer escaneo o apariencia, es poco probable que nadie más que nosotros mismos (y tal vez ni eso) vuelva a mirar nuestros recuerdos en línea. Para mantener nuestras conexiones, necesitamos seguir agregando a nuestras historias. Para mantener viva nuestra presencia social virtual, necesitamos más fotografías. En muchos sentidos, el contenido de las imágenes que compartimos es irrelevante; son los datos asociados con la imagen lo que importa. Lo que compartes no cuenta tanto como el hecho de que estás compartiendo.

Cosificar o morir

Esta demanda de imágenes, “si no hay fotos, no pasó”, invierte la fotografía: las historias y las experiencias que no se comparten se devalúan. Las experiencias efímeras e incitables son ignoradas. Lo que alguna vez fue un desafío para probar con evidencia fotográfica una afirmación increíble o extravagante es ahora una demanda: esperamos imágenes todo el tiempo, sin importar qué tan mundana sea la ocasión.

La fotografía se ha convertido en una de las constantes interrupciones de la vida. Interrumpimos nuestras experiencias tomando fotos y tomamos fotos que aparecerán en un mundo de interrupciones. La fotografía ahora es especulativa y fantástica: se trata de crear una imagen deslumbrante para un mundo virtual. La fotografía no se trata de lo que sucedió en el mundo; se trata de contribuir a lo que está sucediendo, ahora mismo, en las redes sociales.

Esperamos que la fotografía digital interrumpa el flujo normal de la vida en todo momento y en todas las ocasiones. Como resultado no tenemos mejores registros de eventos, sino que alimentamos nuestro escepticismo, distorsionamos nuestras percepciones y engañamos a nuestras memorias. Nos estamos ahogando en un interminable rollo de imágenes.

People taking pictures with smartphones Photography by Kim Colombini
“A la caza de la foto” por Kim Colombini. Uso autorizado.

Veracidad

Es divertido navegar en Internet. Está lleno de información que podemos solicitar mediante una búsqueda rápida. Podemos compartir nuestras opiniones y experiencias de manera amplia e instantánea (como sucederá, por supuesto, con este artículo), y a cambio recibimos constantemente notificaciones de reafirmación.

Sin embargo, no hay controles ni equilibrio en el flujo de información, no hay ningún editor principal que administre el flujo de publicaciones y que exija pruebas de los hechos. Lo que tenemos, en cambio, son algoritmos turbios y la aceleración de muchos “me gusta”, “favoritos” y “compartidos”. Como señala Demian Farnworth en Copyblogger, “Internet (...) se ha suavizado con los hechos. Nos encanta un buen engaño, y parece que no nos importa mucho que nos engañen”.

Pero lanzamos el desafío:

—“¡Fuimos a pescar en alta mar y capturamos un pez tan grande como para alimentar a todos en el barco!"

¡Fotos o no pasó!

Si bien el desafío se entiende como una respuesta a afirmaciones insólitas, la filosofía ha llegado a influir en nuestra percepción general de las historias. No las creemos ni respondemos a ellas hasta que la evidencia visual cumpla con la prueba de que algo realmente sucedió.

El mundo “real"

En febrero de 2014, Ray Rice, el corredor de la NFL, fue arrestado por agredir a su entonces novia. La historia avanzó a tientas durante los próximos meses con asesoría legalmente obligatoria y una suspensión de juego para Rice, una conferencia de prensa dada por Rice y su ahora esposa, y algunos comentarios por lo bajo de parte de la NFL sobre una “política de conducta”. Lo interesante es que el simple cargo de asalto se convirtió en asalto agravado cuando apareció un video que mostraba a Rice golpeando a su novia inconsciente. Cuando un segundo video apareció luego en los medios mostrando más imágenes de Rice atacando a su novia, lo que habían sido murmuraciones en la NFL sobre políticas de conducta se convirtió en una respuesta muy pública de “ponerse duro contra la violencia doméstica”.

En los últimos meses se han observado escenarios similares en tiroteos donde estaba implicada la policía. Especialmente, en abril de 2015, un agente de policía de Carolina del Sur fue arrestado por dispararle en la espalda a un sospechoso desarmado, Walter Scott, mientras este huía. Sin embargo, los cargos se presentaron solo después de que apareciera un video del incidente y fuera publicado por el New York Times. El video contradijo el informe oficial del policía.

En ambos casos, e innumerables otros, el foco estaba en las imágenes y en quién tenía qué video como evidencia y cuándo. Esto fue especialmente cierto en el caso de Ray Rice, en el cual la discusión no se dio cuando la NFL sabía que había un problema, sino cuando la NFL recibió y vio la evidencia del problema en un video. En ambos casos, los problemas fueron ignorados o minimizados hasta que aparecieron las pruebas gráficas que demostraban que algo había sucedido.

La vida como espectáculo

Incluso fuera de los medios de comunicación, no atribuimos importancia a un  hecho a menos que haya una foto del mismo. Algunos restaurantes de Nueva York han prohibido tomar fotos en un intento de minimizar las interrupciones de los muchos clientes que intentan fotografiar su comida. La interrupción varía desde molestar a otros clientes con el uso del flash hasta subirse a las sillas para tener una mejor perspectiva. El personal se queja de que los clientes fanáticos de las fotos complican y hacen más lento el servicio. Los chefs se quejan de que sus esfuerzos se desperdician porque la comida está fría o marchita cuando los clientes terminan de fotografiar sus platos.

Wedding guest interrupts marriage ceremony to take a picture Photography by Kim Colombini
“¡Di ‘acepto’!” Por Kim Colombini. Uso autorizado.

Los fotógrafos de bodas, las novias y los oficiantes se sienten frustrados cuando los invitados a la boda se insertan en la imagen, en sentido figurado y literal, con teléfonos inteligentes y tabletas para capturar el evento. Los fotógrafos no pueden obtener las fotografías por las que les han pagado; otros invitados no pueden ver más allá de los teléfonos y tabletas en alto; y la atención se desvía del propósito del evento: la ceremonia de matrimonio. Muchos oficiantes y parejas ahora acostumbran solicitar a los invitados que se abstengan de tomar fotos con la promesa de que habrá fotos profesionales disponibles para ver después de la boda.

Lo mismo se puede ver en sitios turísticos, conciertos, eventos deportivos e incluso en galerías de arte. Hemos estado haciendo autorretratos durante siglos, y durante años hemos pedido a los transeúntes que tomen nuestras fotos frente a sitios turísticos famosos. Pero ahora, en lugar de mirar lo que llegamos a ver, tenemos cámaras levantadas para tomar fotografías y probar nuestra presencia en un lugar que no estamos viendo. Los selfies son el premio final de la prueba.

Group of actors photographed at the 2014 Oscars as a selfie
Ellen DeGenres organizó y publicó en Twitter un selfie grupal tomado en la ceremonia de los Oscar en el 2014. La publicación, un ejemplo por excelencia de “si no hay fotos, no pasó”, fue tan popular que causó un breve colapso de Twitter.

Si hay una foto, debe de ser cierto

Si las imágenes demuestran que la información es verdadera, entonces las imágenes también deben proporcionar información verdadera. Hemos comenzado a aceptar y reaccionar a la interferencia de las imágenes al punto de no considerar la evidencia. Tomar fotos y publicarlas en las redes sociales se ha convertido en una manera rápida de contar historias, el contexto está condenado. Además, las imágenes pueden ser tomadas y publicadas por cualquier persona desde cualquier perspectiva. En el ciclo de noticias de hoy, nuestra información viene en una serie de disparos rápidos, fotos rápidas compartidas en el momento. Solo más tarde, generalmente después de que el polvo se ha despejado y solo los realmente interesados están mirando, recibimos la historia de los periodistas profesionales.

Todos nosotros estamos participando en una cultura cambiante, un mundo saturado de imágenes y conectado a Internet.

Según el sondeo del Wall Street Journal / NBC News de septiembre de 2014, casi todos los estadounidenses (94%) siguieron al menos una cobertura de las ejecuciones de ISIS. Las imágenes fueron sorprendentes, lo suficientemente persuasivas para influir en la opinión pública. Aunque las agencias estadounidenses de inteligencia informaron que ISIS no representaba una amenaza inmediata para Estados Unidos, el 61% de los estadounidenses pensaba que la acción militar contra ISIS era “de interés nacional”. Las imágenes hablaban más fuerte que la evidencia. Robinson Meyer comentó en The Atlantic: “Experto tras experto afirma que el bombardeo de ISIS está impulsado por la política y la emoción, y podemos adivinar por qué: tal es el poder de la imagen en la red global”.

Antes de ser asesinado en Libia, el fotoperiodista Tim Hetherington expresó su preocupación por el poder global de las imágenes. Hetherington identificó un vínculo entre las representaciones ficticias de la guerra que influyen en los hombres en combate y los hombres en combate que influyen en la opinión pública con imágenes que reproducen momentos de guerra dramatizados. Otros fotoperiodistas se han hecho eco de las observaciones de Hetherington y han expresado su preocupación por la capacidad que tiene el flujo sin obstáculos de imágenes del campo de batalla para influir en otras guerras, políticas estatales y la opinión pública.

El material visual ha llegado a tener mayor impacto que cualquier informe.

Perder la experiencia para tomar la foto

Tengo una foto que significa mucho para mí, no porque sea buena (no estoy seguro de que sea así) sino porque no recuerdo haberla tomado. Sé que estuve allí y sé que estaba tomando fotos, pero no recuerdo para nada haber tomado esa foto y ni siquiera recuerdo momentos anteriores o posteriores. Me gusta pensar que fue magia intuitiva, que estaba perdido en un momento creativo. Sin embargo, también recuerdo la experiencia con molestia y guardo la imagen para recordarme a mí mismo que debo prestar atención.

A butterfly on a leaf Photography by Dawn Oosterhoff
"Emergiendo" por Dawn Oosterhoff

Un amigo mío es un fotógrafo de eventos. Se especializa en fotografiar ceremonias y eventos oficiales. A menudo las personas le preguntan qué sucedió en una ceremonia, qué música se escuchó o qué funcionarios asistieron. La respuesta de mi amigo es casi siempre la misma: estaba demasiado ocupado fotografiando el evento para notar más de lo que requería la sesión.

Joseph Grenny y David Maxfield, coautores de Conversaciones cruciales: Claves para gestionar con éxito situaciones críticas, encuestaron a más de 1600 personas y les preguntaron sobre sus experiencias con las redes sociales. Más de la mitad de los encuestados informaron que “publicar la imagen perfecta les ha impedido disfrutar de la experiencia”. Casi todos los encuestados dijeron que han visto a los turistas perderse un gran momento porque estaban concentrados en sacar una foto. Muchos reconocen que han hecho lo mismo.

Grenny y Maxfield equiparan la búsqueda de la imagen perfecta con la caza de un trofeo. “Quieren matarlo, rellenarlo y ponerlo en la pared”, escribe Maxfield. Podemos tener la imagen, pero es probable que nos hayamos perdido al menos parte de la experiencia.

Perder la foto y engañar a la memoria

He visto diferentes estimaciones sobre la cantidad de fotos que tomamos en un año. Ya sean millones, miles de millones o billones, son muchas imágenes. Creo que tomamos tantas fotos, que la experiencia y la imagen única se diluyen flotando en un mar de imágenes. Tomamos fotos pero no las miramos. La imagen era buena en el momento, pero no tiene sentido para más adelante. Más bien, la imagen se convierte en otro elemento olvidado o perdido en nuestro universo digital.

Bride in a coffee shop reviewing pictures on her camera Photography by Shenda Tanchak
"Novia en Singapur" por Shenda Tanchak. Uso autorizado.

Es irónico que nos perdamos de una experiencia para tomar una foto y luego perder la pista de la única ayuda memoria que podría desencadenar algún recuerdo de la experiencia.

No todo es malo

Si bien nuestra obsesión por los trofeos fotográficos puede ser motivo de reflexión, nuestra propensión a tomar fotos ha resultado útil. Videos e imágenes tomadas por turistas y transeúntes han ayudado a revelar y resolver crímenes, o nos han informado de las condiciones en regiones remotas o inaccesibles porque los que están en el área han compartido fotos y videos. También hemos aprendido a ver los problemas desde diferentes perspectivas, una vez más como resultado de que las personas en la situación comparten sus imágenes y videos.

Como en la mayoría de los fenómenos sociales, el desafío no existe en la práctica, sino en el contexto. Tomar fotos no es el problema, sino nuestra obsesión por capturar imágenes al punto de dejar de participar en la experiencia. El problema también se extiende a nuestra falsa fe de que las imágenes cuentan toda la historia.

Como fotógrafos, creo que es aquí donde podemos marcar la diferencia. No podemos cambiar las prácticas sociales, pero podemos liderar con el ejemplo.

Wedding guest taking pictures with tablet Photography by Kim Colombini
“Tableta Jumbo” por Kim Colombini. Uso autorizado.

Apaga tu celular

Parece simple, pero concentrarse en tomar imágenes ayuda a eliminar las distracciones. Si vas a fotografiar, hazlo bien. Respétate a ti mismo y aborda tu arte con seriedad prestándole toda la atención que merece. ¡Ponte en la zona!

Mira a ambos lados antes de levantar la cámara

Antes de tomar fotos toma en cuenta el entorno, las personas presentes y la ocasión. También considera tu propia experiencia y evalúa si tomar fotos podría privarte de otros recuerdos y cómo.

Mira a tu alrededor. Mira a la derecha, mira a la izquierda. Date la vuelta y mira hacia atrás. Siempre hay fotos por tomar. Deja que los ojos te guíen y confía en tus instintos fotográficos para ayudarte a navegar a través de una situación. Invierte tu energía en tomar las fotos que importan.

Prepárate para apagar la cámara. No todos los momentos son fotográficos. Identifica cuándo estás fotografiando y cuándo no.

No acumules buenas fotos y malos recuerdos

Si has tomado fotos, dedica un tiempo a revisar, guardar y compartir las que reflejen tu experiencia. También ayuda a tus clientes y no les proporciones todas las fotografías, sino solo las que valgan la pena atesorar.

Todos nosotros estamos participando en una cultura cambiante, un mundo saturado de imágenes y conectado a Internet. No podemos detener el uso de cámaras y teléfonos inteligentes, ni creo que debamos hacerlo. Pero sí podemos ser conscientes y compartir nuestros pensamientos con los demás.

Mira, escucha y piensa con un ojo crítico

Si has asumido el rol de fotógrafo, estás mejor capacitado que el resto del mundo para ver imágenes y pensar en ellas. Esto viene con algunas responsabilidades. Eres una autoridad en cuestión de imágenes y la gente confía en ti. ¡Usa tu poder sabiamente!

Cuando mires imágenes, busca toda la información y también escucha lo que te están ocultando. Revisa lo que sabes y evalúa la historia. No compartas verdades a medias o imágenes de las que no puedas estar seguro. Si ves una verdad a medias o algo que piensas que es sospechoso, dilo.

No crees medias verdades propias. Capta tus imágenes de forma clara y completa. Si usas filtros engañosos, hazlo con moderación, si es que lo haces.

A todos nos gustan las imágenes, pero decodificarlas es una habilidad. Lidera el cambio cultural compartiendo tu capacidad para leer imágenes de manera crítica y enseña a otros a hacerlo también.

Conclusión

Hay muchos factores que contribuyen a nuestra cultura de “si no hay fotos, no pasó”. Mantenerse conectado socialmente en el mundo digital exige un suministro constante de actualizaciones de estado que fácilmente se satisface con éxito gracias a imágenes deslumbrantes que se unen al flujo de lo que está sucediendo y, con la misma facilidad, estas imágenes desaparecen de la vista y de la mente. Este deseo de imágenes nos ha adormecido en una falsa sensación de expectativa: esperamos ver las imágenes como prueba de que algo realmente sucedió y si vemos imágenes, esperamos que algo realmente haya sucedido. Al atribuir importancia a un evento solo cuando hay una foto, nos perdemos de la experiencia en sí por ir tras la imagen. La ironía de todo esto es que estamos llenando nuestras vidas con innumerables imágenes, tantas, que ya no identificamos ni conservamos las imágenes que nos servirían para rescatar recuerdos en el futuro.

Depende de todos crear la cultura que queremos y merecemos. Yo estaría entre las últimas personas que se alejarían de las redes sociales, pero como fotógrafo, intento estar entre los líderes que provocan la evolución cultural. Como fotógrafos, todos tenemos la responsabilidad de considerar el papel de las imágenes en nuestra cultura. Al tomar en serio nuestro arte, celebrar el valor de una imagen por todo lo que representa y contribuir con un pensamiento sobrio a las conversaciones culturales, todos podemos inspirar la recuperación de las fotografías como registros de encuentros únicos con el mundo.


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